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14/10/2018
Autor: Guillermo Garrido
El DINERO EN PSICOTERAPIA. Significado y Simbolismo
Artigo: Dr. Guillermo Garrido. Médico Psiquiatra y Psicoanalista (IPA-Fepal); Director del Instituto de Psicoanálisis de Panamá.



“El DINERO EN PSICOTERAPIA. Significado y Simbolismo”

Dr. Guillermo Garrido.

Médico Psiquiatra y Psicoanalista (IPA-Fepal)

Director del Instituto de Psicoanálisis de Panamá

Panamá. Septiembre, 2018

De acuerdo al economista Murray Rothbard, pocos asuntos en economía son tan enredados y confusos como el tema del dinero.

Es extraño lo poco que la psicoterapia y el psicoanálisis se han dedicado a pensar acerca del dinero, así como en sus significados y simbolismos, en aspectos tales como psicopatología, técnica en los honorarios, encuadre, transferencia y hasta en el diagnóstico.  Sobre todo una vez que el dinero se ha colocado en el lugar de uno de los grandes temas de la vida cotidiana y una de las fuentes de mayor sufrimiento para el ser humano en el mundo de hoy.

El dinero aparece en relación a crisis vitales de la juventud, de la edad media de la vida, la vejez y en situaciones específicas como separaciones, sucesiones, matrimonios, migraciones, desempleos, etc. Es común ver los lazos del dinero con la estética, el placer, la salud y la enfermedad, al punto de que algunas personas pueden llegar a enfermar, a sufrir y a morir por dinero. El dinero está involucrado cada vez más en la forma como nos relacionamos con amigos, padres, hijos, hermanos y parejas. Las repercusiones del dinero en la vida contemporánea, nos permiten hablar de la existencia de un “Homo Economicus”. Sin embargo también debemos preguntarnos: Que tan lucido es este “Homo Economicus”?

El dinero esta omnipresente en la vida cotidiana e inevitablemente en las interacciones sociales y la cultura, sin embargo con frecuencia es silenciado y omitido de formas complejas.

Sin embargo, estos silencios no son ni ingenuos, ni tampoco inocuos.  Como afirmó Voltaire: “Es más fácil escribir acerca del dinero que obtenerlo y quienes saben cómo obtenerlo se ríen de esos quienes solo saben escribir acerca de él”. Siguiendo entonces a Voltaire, intentaré desarrollar algunas ideas que considero pertinentes sobre el significado y simbolismo del dinero en nuestro la psicoterapia.

Comencemos por pensar acerca de qué es realmente el dinero. En términos generales sabemos que es algo cuyo intercambio está relacionado con la satisfacción de necesidades y aspiraciones humanas y algo cuya presencia o ausencia tiene efectos tangibles sobre la realidad. El uso del dinero en los adultos se relaciona con experiencias de las personas correspondientes a estadios tempranos del desarrollo en un intento por recapturar sentimientos infantiles de omnipotencia.

Desde una perspectiva más contemporánea, el dinero parece ser que ha llegado a ser el portavoz simbólico de la más elemental angustia de supervivencia. Se ha convertido así en el fetiche universal que señala y oculta toda castración. Lo que como hombre somos incapaces de hacer, lo creemos posible gracias al dinero.

Desde principios de los años 70, el ingreso económico en los países occidentales se ha duplicado, sin embargo no logramos ver alguna mejoría en los índices de felicidad. El sueño americano de que el dinero construye la felicidad sabemos ahora que no es cierto. En tal sentido, si el dinero y las cosas materiales son demasiado importantes para alguien, ese alguien debería encontrar el por qué lo cree asi.

El dinero es un poderoso símbolo que contiene la plasticidad que permite un ilimitado rango de fantasías emocionales y materiales. Freud (1913) señaló la vulnerabilidad de las personas a los conflictos relacionados al dinero cuando escribió; “los asuntos del dinero son tratados por la cultura de la misma forma que los asuntos sexuales y con la misma inconsistencia, sobriedad e hipocresía”.

Para Shakespeare el dinero era la deidad visible responsable de   cambiar todas las cualidades humanas y naturales en lo opuesto de lo que son.

Desde un punto de vista psicoanalítico, el dinero es un objeto erótico, pulsional, sometido a la lógica de la psicosexualidad y del placer, de acuerdo al principio Freudiano consignado en : “Más allá del principio del placer”, que plantea que detrás de todo dinero   estará también  odio y  amor reprimidos, Eros y  Tanatos.

Además de la perspectiva Freudiana y desde otra perspectiva del desarrollo, la cuestión del dinero podria ser equivalente al anhelo Kleiniano por “El pecho inagotable”. Para 1917, Abraham creía que la pérdida del dinero podía ser percibida como un riesgo a la seguridad, con consecuencias incluso de depresión y de vacío. La visión de Ferenczi planteaba la retención de las heces por parte del niño como los primeros ahorros de este. Borneman posteriormente elabora sobre el tema, haciendo una analogía del cuerpo humano, identificando 4 estados metabólicos de lo que llama la “Economía somática”. La ingesta o incorporación como el comprar, la digestión como la inversión, la retención de las excretas como el ahorro y la expulsión de las excretas como gastar y comprar.

Los orígenes del dinero se remontan a la antigua Grecia, donde parece haber sido inventado en la ciudad de Lidia, en Asia menor, entre los años 640 y 630 antes de Cristo. Se inició con pequeños lingotes ovalados, fácilmente transportables, que equivalían a pocos días de trabajo o al equivalente a una fracción pequeña de una cosecha. No por razones de azar estas primeras monedas de color ámbar, fueron realizadas de una aleación de oro y plata llamada ELECTRO y con una cabeza de león estampada por el rey Creso de Lidia para así darles autenticidad.

La cabeza de León pertenecía a la gran madre, la diosa Cibeles-Artemisa, fuerza nutricia de la naturaleza. La aleación tampoco escapo a su contenido simbólico, puesto que el oro y la plata representaban al sol y a la luna, también símbolos del padre y la madre. Sin embargo, no mucho tiempo después de su invención apareció en Grecia la primera enfermedad del dinero, la Inflación.

“La inflación económica es también psicológica y producida  por un manejo maniaco contra de la depresión, donde los sentimientos de  devaluación inconsciente de la colectividad son transferidos a la moneda como símbolo de identidad e  integridad de una sociedad, con el agravante de que el dinero lleva dentro de sí la demanda por más dinero, y como cada vez hay más dinero en el mundo, el sistema  monetario exige de sí mismo una expansión infinita y por ende su único límite lo puede imponer la irracionalidad humana, el pánico, las bancarrotas y los colapsos.” (Capriles, 1996). Por ejemplo, las burbujas del mercado son el producto de la manía y la depresión de grupos humanos. La gente actúa en manada perdiendo su racionalidad, algo propio de las masas. Sin embargo todas las burbujas económicas tienen algo en común, ellas comienzan con un periodo de relativa prosperidad nacional.

El termino dinero deriva del nombre de una moneda romana de plata denominada el Denarius, posteriormente obtuvo el significado de “moneda corriente” durante la edad media. Las palabras moneda y Money, provienen por su parte del latín “Moneta”, la cual a su vez viene del verbo Moneo que significa recordar, aconsejar, amonestar y avisar. La diosa Juno era honrada bajo el epíteto de Moneta, que significaba; “la que nos hace recordar”, la adivinadora, la diosa que advierte. Moneta es la versión latina romana de Mnemosine o Mnemosina, Diosa de la memoria, reveladora de las verdades escondidas y de las visiones profundas del pasado. Simbólicamente entonces la moneda nos recuerda y nos impone los límites de la realidad, así como de cuanto podemos o no, de acuerdo a cuanto tenemos o no.  

La moneda es sin lugar a dudas un signo superlativo del avance simbólico del hombre. El dinero es una de las grandes invenciones del avance de la civilización, comparable solo con el descubrimiento del lenguaje escrito, el fuego o la rueda. Es primariamente un objeto de intercambio, y la genialidad de su invención consiste en la creación de un sistema simbólico de intercambios que logra consolidar el deseo. Es decir, que por esta transformación simbólica y el desplazamiento metonímico, el dinero ha pasado a representar a la mayoría de los objetos de deseo.

Desde antes del siglo XX, ya el dinero pudo ser definido como un objeto intercambiable de valor, convertible en otros objetos de valor, de esta forma el dinero es doblemente deseable en sí mismo, como objeto y como símbolo.

Uno de los objetivos de cualquier proceso psicoterapéutico se relaciona con el logro de niveles cada vez mayores de autonomía y libertad, por lo que sería pertinente en términos de dinero incluir a este como parte de la evaluación clínica de nuestros pacientes y de su grado de independencia con relación a su capacidad para usar su dinero, más que por su capacidad para ganarlo. Ganarlo no implica necesariamente entonces que se use con autonomía. Dicho de otro modo, quien administra el dinero termina administrando real y simbólicamente la movilidad de otros y de sí mismo. (Coria, 1991).

El dinero en su origen no significo otra cosa que sacrificio. Las primeras formas de dinero aparecen en dos importantes rituales confirmadores de cohesión social, y como restablecedores de continuidad social, como son el ritual conyugal a través de la dote y el ritual funerario a través de las ofrendas funerarias. Son estos sacrificios los únicos que garantizan la cohesión social y hacen posible la permanencia de la sociedad. Así como el sacrificio garantiza la cohesión social, la exclusión de este sacrificio equivale a la exclusión de la relación social, de la misma forma como se advierte en nuestra sociedad actual su relación con el trabajo, reconocido como sacrificio colectivo.

Menninger argumenta que los honorarios profesionales deberían constituir el sacrificio por parte del paciente que asegure su motivación, presumiblemente sobre la base de; “si no hay pago, no hay beneficio”.

El dinero en sí mismo no genera actitudes, en todo caso es solo un medio particularmente idóneo para expresarlas y hacerlas evidentes, las cuales darán cuenta de lo que el dinero representa en cada caso. Es bien sabido en este sentido, que las cosas no valen solo por lo que son sino por lo que representan, incluyendo lo inconsciente. Dicho de otro modo, el dinero tendría la virtud y el efecto de hacer que al tenerlo cada quien se comporte tal cual es.

En relación a los honorarios profesionales son llamativas las diferencias en el manejo de los mismos por parte de hombres y mujeres. Pareciera que muchas mujeres terapeutas no logran manejarlos como otras lo hacen en otras áreas de su práctica profesional. Es posible observar como las mujeres terapeutas tienen la tendencia a tolerar honorarios más bajos que los hombres, aceptando incluso como natural limites más bajos. Como si al hacerlo evitaran enfrentarse al fantasma de ser una madre mala. Es por lo que resulta conveniente que como terapeutas cuestionemos e indaguemos en nuestras creencias en relación a las prácticas económicas, de otra forma estarán siempre presentes en nuestra práctica profesional. Solo así podremos desmitificar algunos aspectos considerados como taboo y permitir la evolución del concepto del dinero dentro del tratamiento y también dentro de nosotros mismos.

Muchas actitudes patológicas en relación al manejo del dinero por parte de pacientes y terapeutas se originan en hábitos provenientes de experiencias infantiles profundamente reprimidas.  Al fin y al cabo el dinero es un puente entre el mundo imaginario y la realidad social, cultural, política, económica y religiosa, de la cual somos partes terapeutas y pacientes, y como tal deben tenerse en cuenta ambas dimensiones.

También el dinero es objeto de evolución en la psique desde la primera infancia. Fenichel postuló un periodo “pre-pecuniario” del desarrollo, correspondiente a la etapa pre-edípica en la cual el niño puede reclamar su derecho a la súper abundancia de amor. La etapa edípica por contraste significa el aprendizaje del valor de las cosas, así como los límites del amor y la generosidad. En este sentido, la deidificación del dinero sería entonces una respuesta perversa al vacío pre-edípico al considerar: “Si no puedo tener amor, al menos tengo dinero”.

Se pudiera afirmar entonces que psíquicamente el dinero se instala en la encrucijada entre Narciso y Edipo. Antes de la conflictiva Edípica el deseo narcisista le permite al niño desearlo todo, fantasear que nada le falta y por tanto fantasear la creencia de poder tenerlo todo. Pero a medida que el niño se acerca al periodo edipíco, el límite impuesto por los padres al señalarle palabras como; “No tengo” o “No puedo”, introduce la prohibición y la amenaza de castración y es alli cuando el limite externo representante del Superyó aparece. El dinero pasa a representar en ese momento aquello que rompe la fusión dual con la madre, es decir se convierte en el representante de un tercero asimilado luego a la representación paterna. Dicho en términos de Lacan, el dinero es el garante de la realidad edípica y muestra el lado positivo de la situación edípica, por esta razón el dinero tiene un valor sobre determinado para muchos individuos con patología narcisista.

El dinero puede concretamente simbolizar para ellos la confirmación del valor, de lo valioso, la envidia, la admiración, la validación y el poder adquisitivo. En estas patologías el sujeto deseará tanto dinero como sea necesario para que nada desafíe su creencia de que con este dinero podría dirigir la vida emocional y material de los demás. Cuando alguien cree que el dinero puede tan fuertemente responder a todas sus necesidades y responder a todas sus preguntas emocionales, el deseo por él será insaciable.

Toda relación humana no importa cuán intima sea contiene un balance de confianza y desconfianza, así como el potencial para la explotación o la cooperación mutua. La psicoterapia alude literalmente a   la curación del alma y la psique, por lo que también ha sido vista en muchos casos como viajes de sanación espiritual que involucran tanto a alguien que busca sanación y a un guía, o a un peregrino y un gurú. Sin embargo, la profesión de psicoterapeuta es un trabajo, se necesita ganar dinero para vivir. Sin este intercambio de dinero por servicios la relación terapéutica se desvía del mundo real. En Psicoterapia, el amor sin dinero es una ilusión y el dinero sin amor es un intento perverso de compensar fallas pre-edipicas. Todo terapeuta que ejerce simplemente su profesión por la ganancia de dinero será incapaz de alcanzar a comprender las necesidades y anhelos más profundos de sus pacientes. El Psicoterapeuta que pretende que el manejo del dinero no incluye riesgos, crea una negación colusiva de la realidad. Los pacientes necesitan experimentar amor sin límites y con sus límites, esta es una de las muchas paradojas del dinero; “puede ser la realidad, pero simbolizar también la fantasía”.

Debemos poder vivir entonces por la psicoterapia, para la psicoterapia y de la psicoterapia. Necesitamos mostrarles claramente a nuestros pacientes que ellos compran nuestros servicios. Que no son una interrupción en nuestro trabajo, sino más bien el propósito de este. No les hacemos un favor atendiéndoles, son ellos quienes nos hacen un favor a nosotros dándonos la oportunidad de hacer nuestro oficio. Cada vez más, nuestro campo de experticia y capacitación es mayor, y en la medida en que hemos alcanzado el estándar de profesión independiente, hemos adquirido el rango de profesionales de la psicoterapia. Podemos aspirar entonces a que se reconozca lo que vale nuestro trabajo mediante el acto de desembolso del valor económico asignado al mismo. El valor de nuestro trabajo esta obviamente relacionado al costo de la enfermedad. Freud en su artículo “la iniciación del tratamiento” escribió; “No hay nada más costoso que la enfermedad y la estupidez” y en otro momento afirmo: “Lo que no se paga en dinero se paga en neurosis”.

Diferentes criterios pueden ser utilizados para el establecimiento de los horarios en psicoterapia, pero en principio existe un acuerdo general sobre la inconveniencia de los tratamientos gratuitos. Freud planteaba como la ausencia de pago por parte del paciente se asemeja al masoquismo en el terapeuta y lo comparaba con un grave accidente traumático. En todo caso, la renuncia a la satisfacción monetaria encierra un peligro mayor por el riesgo de saldar esta satisfacción por otros medios que pueden variar   desde convertirse en un maestro que infiltra ideales, hasta hacer de sus pacientes un objeto sexual. Gracias al dinero prevalece la abstinencia, que asegura la separación de los cuerpos a pesar del amor. El dinero así, se convierte en una especie de BUFFER que amortigua la tensión que aparece en el tratamiento, poniendo un límite en la entrega amorosa. El dinero introduce la realidad al informarle al paciente que no estamos allí para amarlo, sino para curarlo. Además, por parte del paciente algunas hipótesis pueden también aparecer, la mayoría asociadas a la desconfianza; Por ejemplo; Que quiere de mí?.  Lo hace porque me ama?

Inevitablemente la atención gratuita genera una idealización del terapeuta que con el tiempo se hará persecutoria. En el caso contrario, el terapeuta al exigir el pago de sus honorarios invierte la asimetría propia del tratamiento, haciéndole saber al paciente que también es alguien que necesita de ese dinero como sustento y por ende de su paciente para recibirlo. De la misma manera, honorarios ridículamente bajos denigran las destrezas del terapeuta y denigran a la psicoterapia. Por otra parte, niveles muy altos en los honorarios pueden llegar más allá del sentido común.

En general, podemos mencionar algunos criterios saludables para establecer el valor de los honorarios. Estos serían por ejemplo; el de las leyes del mercado, la formación y experiencia del terapeuta, la ubicación del terapeuta en su grupo de referencia y la frecuencia de las sesiones con las que se atiende a un paciente. Por otra parte, no parece saludable una abierta diferencia entre lo que paguen diferentes pacientes, es decir que algunos paguen mucho y otros muy poco. Esto inevitablemente influirá en el tipo de tratamiento que diferentes pacientes recibirían, por lo que la recomendación de manejar un rango de honorarios parece un razonable método de fijar los honorarios definitivos con cada paciente. Aunque Menninger argumentó fuertemente contra cualquier flexibilidad en este tema, otros creen que un abordaje flexible en relación con los honorarios es más apropiado para una exploración terapéutica productiva, que un abordaje estricto.

El tema de los honoraros a nivel institucional requiere de un comentario particular, puesto que debe ser considerado ante las variantes que representa el valor de los honorarios con pacientes que por sus limitaciones económicas tal vez no se plantearan si deben o no pagar o incluso que acuden   a servicios institucionales por no querer pagar por servicios de psicoterapia. En estos casos, probablemente debamos considerar por supuesto un pago pequeño, pero al mismo tiempo evaluar la transferencia en las entrevistas preliminares con la intención de poner en juego la dialéctica del deseo por parte del paciente en relación a su nivel de sufrimiento y la necesidad de tratamiento. 

Freud propuso precaución contra el permitir la acumulación de grandes sumas de dinero y sugería pedir el pago en intervalos cortos no mayores a un mes. Freud también recomendaba establecer el monto de los honorarios al principio del tratamiento. 

El cobro de las inasistencias es un aspecto controversial.  Freud enfatizó que el paciente renta horas de su analista, insistiendo en que este debe ser lo más neutral y respetuoso sobre los motivos de la inasistencia, de otra forma el terapeuta estaría tomando posición al hacer un juicio moral o de valor sobre la misma. Los pacientes más regresivos son a menudo incapaces de apreciar la naturaleza reciproca de una relación terapéutica y por ende hacerse responsables por el pago. Cuando un paciente rechaza pagar las horas a las que no ha asistido, esto es a menudo el reflejo de su capacidad limitada para pensar en las necesidades de otros y sobre sus responsabilidades monetarias con el terapeuta. De acuerdo a Akhtar, 4 tipos de situaciones podrían justificar el no cobrar las inasistencias. Primero; razonables descansos fuera de la ciudad. Segundo; enfermedad medica grave del paciente o de familiares inmediatos. Tercero; vacaciones familiares y Cuarto; desastres naturales.

Por todo lo anterior, el entrenamiento en psicoterapia debe incluir una exigente educación y supervisión clínica en diferentes aspectos que incluyan lo económico. De cualquier modo, siempre habremos de lidiar con resistencias, incluso en el tema de los honorarios. Deberemos estar atentos entonces a toda resistencia asociada al tema por la información de alto valor que nos dará para el trabajo terapéutico, ya sea que se presente desde una posición paranoide, a través de la desconfianza, una posición psicopática desde la mala fe, o una posición obsesiva a través de la avaricia o el control. Cualquiera que sea su manifestación debemos estar en capacidad de abordarla abiertamente como parte del trabajo terapéutico.

También es posible encontrar lo que se ha llamado la transferencia monetaria que ocurre cuando el paciente espontáneamente ofrece incrementar los honorarios en un intento de seducir al terapeuta y de alejarse potencialmente de un trabajo introspectivo doloroso, permaneciendo así ajeno a este intento inconsciente.

En resumen, cuando la transferencia y la contratransferencia en torno al dinero son ignoradas a menudo se convierten en una conspiración no declarada. El significado del rol de los honorarios en el intercambio por servicios profesionales no puede ser subestimado, es el sine qua non de una resolución exitosa y exhaustiva de aspectos psicológicos competitivos, narcisistas, libidinales, agresivos y destructivos que se ubicaran en el intercambio monetario en cualquier proceso psicoterapéutico.

 

BIBLIOGRAFIA

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